NUEVA POBRE SE DA CUENTA DE QUE ES NUEVA POBRE

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Sucedió en la Primavera de 2013. Mi santo y yo estábamos invitados a una boda en Tenerife. No teníamos un duro pero… ¿decir que no? eso jamás. Así que hicimos nuestra minimaletade10kgporquenosotrosviajamosenRyanair y allí que nos fuimos. Ya se sabe que los aviones de Ryanair son como las resacas: siempre prometes que será la última, pero vuelves a caer cada vez que tienes la oportunidad.

En realidad mi santo viajó un par de días antes para asistir a la despedida de soltero. El tío no se quiso gastar 10 euros en una crema para el sol decente, así que se gastó 3 en una mierda crema y cuando llegué al aeropuerto de Los Rodeos tenía los tobillos tan quemados e hinchados que más que tobillos deberían haberse llamado “tobos” y el pobre, en medio de la boda tenía que subir cada media hora a la habitación del hotel a meter los pies en la bañera.

Pues bien, la famosa boda se celebró en un hotel deluxe al sur de Tenerife. Está bien Tenerife, me encanta esa isla de Alemania. Los novios tuvieron el gran detalle de invitarnos a dormir en el súper hotel donde celebraron la fiesta. El típico favorazo-putada. Sí, porque mi santo y yo no nos podemos permitir ni una noche en ese hotelazo donde los empleados te ponen una sonrisa hasta para cortarte las uñas de los pies. Así que tuvimos que pasar el resto de las noches en un caca hotel: sin aire acondicionado, con mosquitos asesinos, con buzón de adorno, porque nuestras postales de tías desnudas jamás abandonaron aquel lugar…

Cuando salí de la ducha del súper hotel, donde el baño tenía ducha y bañera, y me puse el albornoz blanco nuclear, las zapatillas de tela con el logo del hotel, la toalla mullida y confortable en la cabeza… allí, señores, me sentí como en casa. Fue entonces cuando me miré en el espejo y previa autofoto que subí acto seguido a Instagram, me di cuenta de que me había convertido en una nueva pobre.

Buenas noches y buena suerte,

La Nueva Pobre.