Hay que abrazar el caos

Como había prometido, HE VUELTO. Y aquí estoy para hablar de las chorradas de mi día a día. Y no tan chorradas.

Porque cuando una es madre de dos, y trabaja, y tiene vida más allá de casa y la oficina, su vida es CAOS. Sé que me entendéis. Así que he decidido ABRAZAR EL CAOS y dejar de preocuparme por nimiedades. Los que me conocéis sabéis que creo en el lado más frívolo de la vida… y así tiene que seguir siendo.

El otro día, por ejemplo, tras luchar porque mis pequeños dictadores conciliasen el sueño y conseguirlo a la séptima, me dije: es hora de ponerse el pijama y hacerse el moño, así que me desvisto y cuál es mi sorpresa cuando me encuentro, dentro del sujetador, un gusanito babeado. Por supuesto era un gusanito de esos petaos de mantequilla, nada de los saludables, que una se preocupa por la nutrición, pero es nuevapobre. Así que ante la duda de qué hacer con el maldito gusanito -o lo que quedaba de él-, sin tener claro si llevarlo a la cocina y tirarlo en su bolsa correspondiente, decidí comérmelo, aun habiéndome lavado ya los dientes… Lo sé, soy una cerda, pero estoy agotada.

Sí amigos, estoy muy cansada, pero cansada rollo, voy por la vida por inercia, como una autómata. Antiojeras, colerete y ciao, tan feliz. Es lo que hay. De hecho a veces duermo tan poco, que me da la sensación de que tengo sueños a modo de haiku, sin poder si quiera ni desarrollar la historia:

Cuando entorno los ojos

Mares de pañales

De caca llenos

Así que amigos, amigas, abrazad el caos, hacedlo vuestro, aceptad que se os ha puesto cara de pringado para siempre y continuad con vuestra vida… como si nada.

Sed felices.

Hogar. Dulce. Hogar.

Hola a todos,

Pequeño Dictador ha empezado a nadar. Vamos los sábados por la mañana, cosa que está fenomenal porque así se aprovecha el día y esas cosas que dicen las Señoras.

El caso es que este acto de generosidad hacia mi Pequeño Dictador me impide dedicarme a lo que de verdad tiene sentido los sábados por la mañana: ver programas de casas de Divinity mientras desayuno. No lo neguéis. Todos lo habéis hecho.

Me gusta mucho “Tu Casa a Juicio” o el reality de los Gemelos raros, “Vender para comprar”. Lo que más me gusta es cómo me hacen sentir estos programas: como una TOTAL PERDEDORA MEDIOCRE SIN FUTURO. Te presentan esas familias que lo están pasando fatal, porque están esperando su tercer hijo y ya no caben en su casa de 400m2; tienen un jardín más grande que el Bernabéu, con vistas al bosque nevado. Pero nunca es suficiente… Así que están pensando en si hacer una obra en su casa de toda la vida o buscar una nueva, que se pueda adaptar a sus necesidades de clase media americana (o canadiense o whatever #nuevosricos). Así que comentan que sólo tienen ahorrado $300.000 a sus 35 años de edad. Y claro, yo con 250€ ahorrados en mi Cuenta Naranja de ING me pregunto qué he hecho mal en la vida.

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Luego está el programa de las Mini Casas: una familia harta de comodidades decide irse a vivir con sus hijos y sus dos mastines a una casa de 30m2, para poder vivir como nómadas, con la casa a cuestas. Y poder así tener una experiencia religiosa en las montañas de Montana o una viaje sideral con el peyote de Arizona. Y entonces también siento envidia…

Cuando era pequeña pensaba que a mi edad ya iba a ser mayor, y que tendría claro qué me gustaría ser en la vida, dónde querría vivir, qué trabajo me gustaría tener. PERO NO. Bueno sí, me gustaría ser BEYONCÉ vestida de reina egipcia en Coachella. Creo que aún estoy a tiempo….

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Sed felices y ved realities de casas, son un coñazo pero hipnotizan mazo.

Los ojos: azules

Hola #nuevospobres,

No sé vosotros, pero cada vez que un amigo tiene un hijo y le preguntas ¿qué tal la criatura? antes de decir que muy sano y muy bien, lo primero que suele decirte es: tiene los ojos muy claritos, creo que son azules…

El otro día, estaba yo tranquilamente en el trabajo y una compañera me dice: ¿me enseñas una foto de tu croqueta, otrora llamado Pequeño Dictador? (puntualizo que este niño no da pie a la democracia en casa, pero a estas alturas es lo más parecido a una croqueta).

Entonces saco mi móvil heredado, –antes de enseñarle la foto le cuento que sólo tengo 3 fotos porque mi anterior móvil cayó al WC, y murió ahogado por mi propio pis y el agua de la cisterna– y acto seguido pulso orgullosa la imagen para enseñarle a mi gran croqueta. Entonces, como la mayoría de la gente, me dice:

– ¿Tiene los ojos claros?

– Mira no, tiene los ojos marrones, como todo hijo de vecino, y no creo que por ello se merezca estar en el Museo del Apartheid…

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Tenemos esa extraña costumbre de mostrar nuestro lado más oscuro deseando que nuestro hijo tenga una pizquita, aunque sea una pizquita de raza aria. NO PASA NADA: los ojos marrones también son dignos. También hay hueco en el universo de los guapos para los ojos marrones. Es el color de la caca, pero también es el color de los ojos de George Clooney, que un día, hace mucho mucho tiempo, me miró a los ojos. Estuve a punto de morir de una taquicardia ventricular (esto último es #truestory, tenía que soltarlo por ego y vanidad).

Eso es todo lo que tenía que contar.

Fin.