Imprevistos

Esta mañana, queridos #nuevospobres, ojiplática me he quedado cuando en las noticias han soltado que nomeacuerdoquién nos recomienda ahorrar a nosotros, los asalariados, entre el 10 y el 15% de nuestro sueldo.

No sé vosotros pero yo, cada vez que el Altísimo me ingresa el sueldo, me planteo ahorrar una parte del mismo. Así que abro la web de mi banco, voy a la sección transferencias y me traspaso a mi cuenta de “ahorro”, desnuda y en los huesos, esa cantidad. Tan orgullosa me siento que hasta pienso en celebrarlo; mi compi de curro y yo comentamos nuestras hazañas ahorrativas y brindamos con café.

Pero luego pasan cosas y ese dinero deshace el camino recorrido ¿sabéis? Hace un par de semanas mi Santo y yo vimos un partido en casa, brindamos por la victoria de nuestro equipo, cenamos en amor y compañía. Todo iba bien. Cuando me meto en la cama, como cada noche de mi vida, me digo a mí misma: “¡mierda, el móvil, tengo que poner el despertador!”. Así que me levanto de la cama voy a buscar el móvil y al cogerlo, con una fuerza sobrehumana que no sé de dónde salió, voló por los aires hasta chocarse contra una pared. Y allí quedó el pobre. Muerto en la cuneta, ajado y maltrecho por su propia dueña. Al día siguiente me dirigí al chino con acento castizo que arregla móviles y que me solucionó el problema por el módico precio de 45 €. No pasa nada, me dije, 45 € son gastables.

Móvil roto. Parte I
Móvil roto. Parte I

Pero una tragedia sucedió dos días después, estando yo tranquilamente con el móvil en la mano, realicé el cotidiano movimiento de guardarlo en el bolsillo de atrás de los vaqueros. A cámara lenta noté cómo caía al suelo y cómo la pantalla, por segunda vez en dos días, quedaba ultrajada, vejada, maltratada, por su propia dueña. Tan mala suerte tuve que se rompió justo encima del cero, uno de los dígitos del código de seguridad, así que me quedé sin iPhone perdida en medio de Extremadura. No hay dolor. Unos días sin móvil me vendrán bien.

Cuando llegué a la civilización intenté convencer al chino con acento castizo de que se me había roto mirándolo fijamente, pero no coló. Así que tuve que pagar 45 € + una funda nueva 4 € + una pegatina antirompepantallas 3 € = 52 €. No hay dolor. Todo irá bien.

Móvil roto. Parte II
Móvil roto. Parte II

Cuando me fui de la tienda, el chino con acento castizo me da dos besos y me dice: hasta la semana que viene Bridget Jones. Maldito.

Esta es la historia de cómo, por querer estar muy IN, usando una funda de móvil muy divain, de E.T el Extraterrestre, aprendí que más vale móvil en mano que ciento en Instagram. Por estas cosas #nuevospobres desaparece, misteriosamente el 10% de mi sueldo y mi móvil vuelve a pertenecer al grupo de los móviles feos pero inmortales.

IN vs. OUT

 

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